Me alegra compartir que el Diario Oficial El Peruano ha publicado mi columna de opinión titulada “Comprender cómo aprenden las personas es clave”, un espacio en el que planteo una reflexión que considero fundamental para el presente y futuro de la educación: no podemos seguir tomando decisiones educativas sin comprender mejor cómo aprende el cerebro humano.
Durante las últimas décadas, el avance de las neurociencias, la psicología cognitiva y las ciencias del aprendizaje nos ha permitido conocer con mayor profundidad el papel que cumplen las emociones, la atención, la memoria, la motivación y la plasticidad cerebral en los procesos educativos.
Este conocimiento no debería permanecer únicamente en los laboratorios o en las publicaciones científicas. El verdadero desafío está en lograr que la evidencia pueda acercarse también a las aulas, a la formación docente y a los espacios donde se diseñan las políticas educativas.
La neuroeducación como puente entre ciencia y educación
En la columna publicada en El Peruano planteo que la neuroeducación debe entenderse precisamente como un espacio de diálogo entre la neurociencia, la psicología y la educación.
No se trata de reemplazar la pedagogía ni de convertir cada hallazgo sobre el cerebro en una receta para enseñar. Se trata de algo mucho más importante: enriquecer nuestras decisiones educativas con conocimiento científico confiable.
Un currículo puede estar correctamente diseñado desde el punto de vista técnico y, sin embargo, encontrar dificultades para alcanzar su verdadero potencial si desconocemos aspectos esenciales acerca de cómo las personas prestan atención, construyen recuerdos, regulan sus emociones, se motivan o desarrollan nuevas competencias.
De la evidencia a las decisiones educativas
Uno de los grandes retos que tenemos es reducir la distancia entre aquello que conocemos científicamente sobre el aprendizaje y lo que finalmente ocurre en nuestros sistemas educativos.
Esto implica fortalecer una formación docente basada en evidencia, impulsar prácticas pedagógicas eficaces, generar ambientes que favorezcan el bienestar y el aprendizaje y, especialmente, combatir los neuromitos que todavía permanecen instalados en numerosos contextos educativos.
La innovación educativa no debería consistir simplemente en incorporar nuevas metodologías, tecnologías o tendencias. Innovar también significa tomar mejores decisiones a partir de lo que sabemos sobre cómo aprenden las personas.
Una conversación necesaria para el Perú
Que este tema pueda formar parte de la sección de opinión de un medio como El Peruano también representa una oportunidad para seguir llevando la conversación sobre neuroeducación más allá de los espacios académicos.
Necesitamos que la ciencia del aprendizaje dialogue con docentes, directivos, familias, universidades, instituciones educativas y responsables de políticas públicas.
Porque mejorar la educación no depende únicamente de cuánto enseñamos.
Depende, en buena medida, de cuánto comprendemos acerca de cómo aprenden nuestros estudiantes.
Agradezco al Diario Oficial El Peruano por abrir este espacio de reflexión y por permitir que la neuroeducación y la evidencia científica continúen ganando presencia en la conversación educativa de nuestro país.
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